Un pensamiento

Me siento atado a un pensamiento. ¿Pero cuánto de imaginario es ese pensamiento? ¿Eres tú o eres lo que yo hice de ti en mi mente? Y camino despacio cuando es necesario correr y corro deprisa cuando es necesario caminar despacio. Maldita paradoja. Todo por no querer perderlo de vista. La vida se descojona en mi cara. «Eres ridículo», me dice. El perro, sentado en mis pies, asiente. «¡Pero es mi pensamiento!», grito con impotencia. Entonces miro a mi alrededor y, por primera vez, veo la jaula con la puerta abierta. «¿Quién la puso ahí?» «¿Por qué no la vi antes?», pregunto nervioso. Nadie contesta. El silencio cada vez es más ensordecedor. De golpe me doy cuenta de que la jaula no solo es una creación de mi pensamiento, ¡sino que es en sí el propio pensamiento! Doy un paso hacia atrás. Estoy temblando. De repente escucho voces. Vuelvo a mirar a mi alrededor y me sorprendo al ver a otros seres humanos, hombres y mujeres, cada uno agarrado con fuerza a su propio pensamiento, cada uno encerrado en su propia jaula con la puerta abierta. «¿Por qué nadie quiere salir de su jaula?», me pregunto asustado. Al fondo, en una pared, hay pintada una frase: «La jaula solo existe para que puedas salir de ella».

(Raül Córdoba)

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