Morderse la lengua

Callarse. Morderse la lengua. Impotencia. Comer por comer. Sin hambre. ¿Sándwich de jamón y queso? Quizás ya empezamos a entendernos. Somos un paquete. Mercancía. Negocio para quién manda. Un condón de usar y rehusar. Shhhh… Silencio. Tu opinión nadie te la ha pedido. Apártate. Sube lo mediocre. Como la espuma. ¿Quieres un ascenso? Seguro que sí. Pero antes respóndeme: ¿Hasta dónde eres capaz de bajarte los pantalones sin protestar? Las verdades a la cara se pagan. Con sanciones. Con toques de atención. Con despidos. Mejor cállate. Lamer un culo es más fácil que dar por culo. Castigo a la excelencia. Recompensa a los mediocres. Conformismo. Adulación. Pelotas y palmeros a la carta. ¿Tu dignidad? Colgada en el ropero. ¿Pero sabes qué te digo? Que ya basta. Que yo no me callo. Si pido una hamburguesa al punto no la quiero ni cruda ni muy hecha. Y si me dices que eres muy sensible pues doble de potaje de lentejas que tienen mucho hierro. A mí la cobardía ni me gusta ni me sirve. Por no hablar de lo mediocre. Por eso elijo a las personas valientes. A todas aquellas que te dicen lo que piensan, sin pelos en la lengua. Y si me preguntas, no esperes escuchar tu respuesta sino mi respuesta, aunque no sea de tu gusto. ¡Que aquí todo tiene su valor! Aunque tú lo quieras todo gratis y encima que te pongan la alfombra. Pues escúchame, porque solo voy a decírtelo una vez, conmigo lo tienes muy crudo. Si quieres ver cómo te bailo la conga, apúntate a una academia de baile.

(Raül Córdoba)

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