¡Oh, Cenicienta! Da media vuelta, que todo el mundo te vea, pasillo, calle, multitud, desfila, y vuelve sonreír con esa sonrisa de muñeca boba. Cuerpo perfecto, mente chiquita. Quítate ropa. Otra exhibición. Otra foto más, ya son mil. Posturéate. Tú, que en las redes eres tan «feliz» y tan «perfecta», que luces a la moda, que estás tan encantada de conocerte. ¿Quiénes somos los demás sino tus más fieles «seguidores»? Sin embargo, ándate con cuidado que no se te corra el esmalte, que no se te rompa el tacón, porque ese día no solo perderás los aplausos, sino que al mirar a tu alrededor volverás a ver la calabaza y se te destrozará el corazón.
(Raül Córdoba)
*Dedicado a las Cenicientas y los Cenicientos. A la mentira y el postureo. A la poca discreción y el exhibicionismo gratuito. Al autoengaño y la falta o exceso de autoestima. Al mal gusto disfrazado de buen gusto. A las enfermizas redes sociales. A los que nos bajamos y nos alejamos de este mundo artificial.
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