Te lo escribo y lo subrayo. Me resuenan en mi cabeza las faltas de ortografía cuando pronuncio tu nombre. ¿Eternidad? Más bien somos efímeros. Dos pájaros de ciento volando. Tú y yo. Nunca se termina de aprender, de caerse e incluso a veces de levantarse. Nunca se termina de vivir, aunque la muerte sea un hecho cierto. Me despierto en mitad de la noche. Rodeado de voces y fantasmas. Otra receta para el insomnio. Los doctores no son curanderos, son camellos. Maldita tormenta. Malditos pensamientos. Mi corazón late cuando sonrío, pero sobre todo cuando lloro. Soy mortal. Aprécialo. Solamente como porque me lo dicen, cinco veces, para el negocio de la industria, aunque no tenga hambre. Soy educado y respetuoso cuando la ocasión lo requiere, aunque por dentro piense lo contrario. También soy simpático en la primera cita. Un actor amateur sentado en una mesa junto a otra actriz. Un figurante más que respira y se mueve acorde al guion. El resultado lógico de una vida absurda.
(Raül Córdoba)
–
► Entra en el enlace y conoce mis libros


Deja un comentario