Te fuiste

Te fuiste, sin carta de despedida y sin decir adiós. Te fuiste, muy pronto, cuando todavía el alba se asomaba por el horizonte, en el mejor momento de tu vida. Te fuiste, dejando un vacío insustituible, dejando una huella que nos quedará marcada para siempre. Te fuiste, y contigo te llevaste el sol y a la vez esa sonrisa que era nuestra sonrisa. Te fuiste, cuando nadie se lo esperaba, y tú menos que nadie. Te fuiste, y contigo te llevaste una parte de nuestro corazón que, aunque siga latiendo, sin ti suena oxidado, suena desconsolado. Te fuiste, con la misma grandeza con la que llegaste, sin necesidad de hacer mucho ruido. Te fuiste, con tu sabiduría, con tu sencillez, con tus ganas de vivir. Te fuiste, mezclando tus cenizas con la misma esencia de la vida, porque eres agua y eres fuego, porque eres aire y eres tierra. Te fuiste, sin saber bien porqué, quizá por el capricho de alguien o de algo que quiso que fuera así. Te fuiste, y el dolor es profundo, pero a la vez también te quedaste, porque, de algún modo, siempre estarás a nuestro lado.

*Amigo mío, ya han pasado cinco años, y la vida corre muy rápido, sin ti pero contigo. Sigues estando muy vivo. Retomo el poema que te escribí ese día con el corazón en la mano.

*A todas las personas que se fueron antes de su hora. A los familiares y valientes que se quedaron y los siguen manteniendo vivos en su memoria.

(Raül Córdoba)

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