Malvivo del cuento, de mis historias, de mis andanzas… ¡Ni soy tan gentil ni tan pagano! Y vuelvo, y vuelves, y al girar la esquina empezamos a saltar como dos locos. Yo me como tu alfil y tú te comes mi torre. ¡Maldita partida de ajedrez! Contigo me juego las tablas, contigo me juego la vida. ¡Que viva la locura! Hoy yo me quedo con el invierno y tú con la primavera, y mañana nos cambiaremos los papeles, y la vida es eso, solo vida. Mírame, tú que eres veneno. Mátame, pero a besos, que la vida nos espera borracha y desnuda en la sala de invitados. ¡Póngale otra copa! Hoy paga mi otro yo, el cobarde, el hipócrita, el que de ser tan educado se ha vuelto hasta idiota. ¿Te dije que sin ti no puedo vivir? ¡Mentira! Sí puedo, pero no como yo quisiera. Mi borrachera espera la resaca de tu mirada, y me toco, y te tocas, y las sábanas vuelven a estar otra vez heladas por miedo a nuestras vergüenzas. ¡Corre, pero no te corras! Que para eso estoy yo, para que te corras, para que me corras. Y deja de sonrojarte por decirte lo que pienso, por desnudarte con cada palabra, por no querer apagar este incendio. Y pasan los días, y yo desesperando, y pasan las noches, y tú soñando con otra copa de vino tinto. ¡Ven, acompáñame! Que a esta canción le falta un acorde si tú no la cantas. Me acostumbré a tu voz, a los lunares de tu espalda, a mis pupilas derretidas cada vez que me ganas con tu sonrisa. Me prometí que esta vez no me iba a enamorar, y fíjate, ¡aquí me tienes calado hasta los huesos!
(Raül Córdoba)
–
► Entra en el enlace y conoce mis libros


Deja un comentario