Dices que no encuentras el punto del gazpacho. Que no eres feliz. Que el sol ya no se asoma por tu ventana ni alumbra tu rostro. Y yo te digo que quizás es esa absurda obsesión de subirse al «tren de la felicidad» sin preguntar antes las paradas. Nunca pudiste imaginar que dentro de ese tren hubiera tanta tristeza. Es la corriente, es la moda; es el suicidio colectivo de una sociedad que vive en ciudades que están enfermas. Por eso te empujo. Te sirvo dudas en tu plato cada mañana para desayunar. Para que tú misma seas tu error y tu acierto. Para que puedas escucharte y después gritar; porque para no ser mudos, hay que empezar por no ser sordos. Porque sólo entonces podrás naufragar en esa isla soñada donde no es necesario etiquetar la palabra «felicidad» para ser feliz.
(Raül Córdoba)
–
► Entra en el enlace y conoce mis libros


Deja un comentario