Me dices que quieres conocerme, que quieres que te conozca… De acuerdo. Me parece un buen plan. ¿Tienes hambre? Siéntate en la mesa. Vamos a conocernos. Profundamente. Aquí tienes la carta. Vamos a comer. Tú y yo. En silencio. Déjame ver cómo, cuándo y qué comes. Déjame ver cómo tratas a la comida. Qué te gusta y qué no te gusta. Si pagas por lo que recibes o si tienes el coraje de levantar la mano y decir: «este plato no está en su punto». Porque si algo admiro -en la mesa y en la vida- es a las personas revolucionarias. Y ahora dime, ¿te has quedado con hambre?
(Raül Córdoba)
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