No juegues conmigo

Una noche más sigo dormida en una cama que vela por mi insomnio. ¡Otra vez más te cuelas en mis sueños! Ya no sé si son sueños o pesadillas. Me miro al espejo. «¡Imbécil!», me grita una voz. Es mi conciencia. Me apresuro a cerrar la puerta de un portazo y echar la llave. Sé que es inútil, sé que volverá a salir y que volveré a callarla como tantas otras veces. «Cuánto más mayor, más boba», me digo. Y así pasan los meses, contigo pero sola, y me sigo creyendo tus mentiras por tu cobardía a no decirme la verdad porque es amarga. ¿Pero a quién amarga más? ¿A ti o a mí? Por favor, no me digas más «Te quiero, pero sin estar contigo». Empiezo ya a preguntarme si es tu corazón o tu bragueta quien me habla. Aunque en realidad ya sé la respuesta y me niegue a oírla. ¡Malditas falsas sumas que sólo dejan el resultado de un corazón roto! «¡Vete al carajo!» te gritaría si tuviera el valor, pero sabes que no lo tengo y te aprovechas de ello. Sólo te pido que dejes de reírte de mi caricatura. Sólo te pido que dejes de jugar con esta tonta que cada día suplica detrás de ti entregándote cada pedazo de su alma rota. Sé que despertaré, sé que aprenderé a quererme y a respetarme, pero cuando esto suceda: ¿Quién se encargará entonces de devolverme el tiempo perdido?

(Raül Córdoba)

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