Si la cabra tira al monte, yo soy más cabra que nadie. Fui absorbido por la tribu. Casi domesticado. No te das cuenta y estás dentro. En la masa, en lo (in)civilizado, en lo común. ¿Cuál es el límite que separa el bien del mal? Yo lo sé. O mejor dicho lo aprendí, a base de decepciones y de decepcionar. Soy demasiado animal para ser humano y demasiado humano para ser animal. Como, duermo y respiro por supervivencia, y a veces follo, más por placer que por necesidad. Con el tiempo uno aprende a no depender, a no mendigar. Todo eso lo sé. No puedo evitarlo. Pero si me das a elegir entre una cabra y un ser humano, ya sabes cuál es mi elección. No hay nada más hipócrita que eliminar la hipocresía. Ni tan siquiera tengo fe ni esperanza. ¿Para qué? Terrible tormento. Solo tengo certezas. Y la mayor certeza es saber que todo es incierto. Tú, yo, ellos, ellas… y también la cabra. Pero la cabra es cabra, inofensiva, y el ser humano es algo tan parecido como un perro mordiendo una piedra: una estupidez.
(Raül Córdoba)
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