Suena el despertador. Otra mañana más que nos olvidamos de darnos los buenos días. Entre tú y yo cada vez son menos las casualidades. Quizás ya es la hora de despertar. Quizás es el momento de deshacernos de las mentiras y de acabar de una vez con esta estúpida guerra fría. Se nos acabó el vocabulario, se nos acabó la buena educación. Ahora somos dos desconocidos que se miran sin reconocerse. Somos lo que somos sin llegar a ser nosotros. Una suma que sigue restando, una ola que se rompe en la orilla para dejar paso a otra ola. Me vuelvo a arreglar para ella, te vuelves a poner tacón para él, ¿por qué no dejamos ya de disimular? ¿Por qué no dejamos de ser dos y reconocer que somos dos más dos? Cuando estamos con el otro y con la otra, y cuando estamos tú y yo. Pero nunca somos cuatro. Ni yo quiero saber más ni tú quieres saber más. Se acabó la función. Ni fuimos felices ni comimos perdices.
(Raül Córdoba)
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