Todo no es todo. Te lo digo yo. Que vivo en las alturas, justo un piso por encima del séptimo cielo, y aún, tan joven pero tan viejo, me sigo arrastrando algunas veces a ras de suelo. ¿Que te diga alguna verdad? Prefiero mejor no decirte ninguna mentira. La verdad es una moneda tan falsa como la gente que la compra. De falsos gurús ya están repletas las redes sociales. Pero si quieres te explico tu partido. Soy un espectador de lujo. Dime de qué sirve saber jugar las bolas difíciles si después no sabes jugar las fáciles. Cuando te confías, te caes. Cuando te fías, te llega el golpe fatal. Por eso soy de filosofía de bar chino: «Aquí no se fía». Si me vas a pagar, hazlo al contado. Sino déjame correr. Todo no es todo. Ahora dímelo tú. A veces es una ruina. Una vida artificial y de cara al público. A veces piensas que lo tienes todo y en realidad no tienes nada, y otras no tienes nada y lo tienes absolutamente todo. Por eso me gusta vivir liviano. Deshacerme de lo que ya no me permite avanzar. Será la falta de apetito de las cosas antiguas y las ganas de apetito de las cosas nuevas. «¿Qué pasa?» te preguntarás. Pasa que no pasa nada. Y yo solo quiero estar en los sitios y con las personas que pasan cosas. Lo demás es una partida de dominó que no me interesa. La monotonía y yo no nos llevamos nada bien. Entender esto ya es un paso para tenerlo todo. ¿Y después? Después que cada uno escriba su libro…
(Raül Córdoba)
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