Te enamoraste de mi isla y yo me enamoré de tus baladas. Antes de decirme «hola» ya me dijiste «adiós». Y sin embargo, aquí de madrugada, aún me abrazo con nostalgia a las últimas olas que me conducen a la orilla de tu cintura. ¿Quién bailará conmigo alrededor de las hogueras? ¿Quién regará mi soledad cuando te vayas? Sólo nos queda vivir la última parte de esta prórroga engañosa. Luego seguirás tu camino, luego seguiré mi camino. La vida es un juego de azar. Tiras porque te toca. Demasiado caro es el destino si pretendes que te siga en tu viaje. Yo me quedo aquí, en mi isla. Entre palmeras y cromos de barcos piratas te esperaré tarareando tus canciones. Envíame una postal de otras islas, envíame relatos de otros piratas con parche en el ojo y patas de palo, acuérdate de mí cuando me olvides. Mientras tanto, con la vista perdida en el horizonte, aguardando la llegada de nuevos veleros, ya me salvaré del naufragio si es que acaso puedo.
(Raül Córdoba)
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