Otras lecciones

En el patio del colegio aprendí a no darle nunca la mano a un pistolero zurdo; después fui yo quien aprendí a disparar con la zurda. En mi calle, a la vez, había un pirata que se creía capitán. Tenía parche en el ojo y pata de palo. Le dije que no. No, no, no. Rápidamente me convertí en capitán. Más tarde, a golpe de mentiras, aprendí a decir siempre la verdad. A día de hoy, incluso cuando miento digo la verdad. ¿Ahora? Pues ahora, después de ver King Kong, sé que no fueron los aviones, sino que fue la Bella la que mató a la Bestia; y es que, a veces, el amor mata más que la guerra.

(Raül Córdoba)

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