Verano del ’69

Suena el timbre del recreo. ¿Por qué nadie lo escucha? ¿Por qué todos miramos hacia otro lado? El viento sopla con fuerza. Hoy vi un gorrión y me acordé de ti. Libertad es el acento que acompaña tu nombre. Todavía sigo acariciando el hueco que dejaste en mi almohada. Conozco cada curva de tu cuerpo sin tocarte. Aquí todo huele a ti. Los árboles, las plazas, los bancos, las cervezas… los besos que doy en otras bocas. Pero cuando trazo la ruta de mi mapa siempre miro hacia la dirección opuesta. Es peligroso el deseo de seguir el vuelo de un pájaro. La ambición a veces nos juega una mala pasada. Quizás nacimos para amarnos pero no para entendernos, o viceversa. Malditas flechas envenenadas de Cupido. Me sobran motivos para marcharme y me falta valor para no reconocer que te necesito. Y suena el timbre del recreo. ¿Quizás es la hora de partir? ¿Pero a dónde voy? Dímelo tú que a mí me da miedo…

(Raül Córdoba)

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