¡Hey, tú! ¡Sí, tú! No te hagas el despistado ni la despistada. Vamos. Levántate. No mires el reloj. Venga, no te hagas de rogar y acércate. Yo ya estuve por un largo rato en tu mundo. Incluso perdí el rastro de mis huellas (y casi la cabeza). Ahora cógeme de la mano. Te prometí que te llevaría a mi mundo, me prometí que algún día volvería a mi mundo. ¿Dónde se encuentra? Lejos de cualquier certeza, lejos de cualquier ola que creías surfear. No tengas vértigo. Agárrate fuerte y confía. Cuando yo te diga, abre los ojos. ¿Escuchas la profundidad dentro del océano? Entonces empiezas a sentirlo. Ahora suéltate poco a poco y abre los ojos. Mira a tu alrededor… Dime cuánta verdad contemplas. Aquí nada es lo que te dicen, aquí todo es lo que parece. Los leones hablan, los espantapájaros caminan y los hombres de hojalata lloran. Oz sólo es la Ciudad Esmeralda que llevamos cada uno dentro de nosotros. Ahora, quizá y sólo quizá, puedas marcharte con la mirada de mi mundo a tu mundo, y, quizá y sólo quizá, también con otro cerebro, otro corazón y muchísimo más valor.
(Raül Córdoba)
–
► Entra en el enlace y conoce mis libros


Deja un comentario