Sólo quedan los demonios. Todo lo que mereces. No salen las cuentas si lo que pretendes es sumar cadáveres en ese imparable ascenso hacia la nada que sólo tú tienes en tu cabeza. Locura avanzada. Depredador insensible y voraz. Tu revolución decepciona; tu particular «Guerra Mundial» está falta de enemigos, aunque todavía más falta de aliados. Vanidoso sin escrúpulos. Mira a tu alrededor. No ha quedado nadie. Ni los cuervos acuden a la carroña que dejas a tu paso. Y tú sólo esperando el aplauso, esperando el halago. ¿Acaso esperabas algo diferente de los demás? Amante del sable y el puñal. Amante de tirar la piedra y esconder la mano. Amante de asesinar por detrás. Mírame de frente y a los ojos: El respeto se gana con respeto, no con sangre. Lánzame a las vías y yo seré el tren que descarrila para hacer justicia en tu camino. Tú, tan seguro de ser intocable, tan seguro de ti mismo, tan seguro de no morir atropellado, tan seguro de poder hacer lo que quieres sin pagar nada por ello… Pero a todo déspota le llega su «juicio final», y el tuyo está por llegar. Pronto despertarás y te darás cuenta de que tu «imperio» sólo estaba en tu cabeza. Ruina y soledad. Poco más. La codicia sólo se paga con el alma. Y tu alma, como hizo Fausto, hace tiempo que la vendiste al diablo.
(Raül Córdoba)
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