No me hables tanto de palabra, que para boquillas ya están la de los cigarrillos. Tú, que eres tan solidario y tan solidaria, ¿pretendes fumarte conmigo la «pipa de la paz»? Pues deja ya de darme clases de moral, deja de postear lo «bueno» y lo «buena» que eres, que tus clases de ética me las bebo cada madrugada en la barra de un bar. Deja de mirarte el ombligo en el espejo, deja de seguir esa maldita moda de aparentar «felicidad». Ni eres tan divino, ni eres tan especial… Selfie, sonríe. Hoy toca manifestación por los derechos humanos y mañana te vas de rebajas a Primark. ¿Por qué me hablas de Ucrania si todavía no sabes dónde está Sudán? Conmigo la carne se come cruda, sin especias, sin tanto carnaval. ¿Todavía no me entiendes? ¡Qué más da! Tú con lo tuyo y yo con lo mío. Las propinas ya se las dejé al mendigo de la otra esquina. ¿Tan diferente te crees a él? A mí me sobran los «likes» y me faltan tus «loves». Si me buscas, empieza por olvidarme. Si me quieres, empieza por quitarte ese absurdo disfraz…
(Raül Córdoba)
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