Desde luego, no es pasar dos horas en un restaurante o un bar, a veces rematadas con otras dos horas de sexo, donde ambos actúan como si compitieran por un Óscar. Vestirse elegante, mostrarse simpático y sacar la mejor versión de uno mismo durante una tarde o una noche lo puede hacer cualquiera. Incluso un fin de semana ‘romántico’ puede mantenerse a base de buena actuación… aunque implique aguantarse los dolores de barriga por no querer admitir que, sorpresa: ¡somos humanos y también vamos al baño!
A mí no me van esas primeras citas teatrales.
Una primera cita en una furgocamper te ahorra dos años de teatro: ese tiempo que tardas en darte cuenta de que no te enamoraste de la persona, sino del personaje. Y cuando por fin aparece la persona, descubres que te resulta imposible conectar con ella. Lo más duro es aceptar que nadie te devolverá el tiempo ni la energía invertidos en esos años.
La primera cita en furgocamper es un conocimiento exprés de la otra persona. La furgocamper no permite personajes; en 24 horas te desmonta todas las máscaras. Ahí descubres rápido si el príncipe era sapo o la princesa rana. En algún momento del día, de la convivencia, toca quitarse el vestido, el traje, el maquillaje, el personaje… y ponerse el pijama, ir al baño y mostrarse tal cual eres, sin filtros.
Entonces descubres si la otra persona vibra contigo en lo cotidiano: en el desorden bonito, en los silencios cómodos, en las risas espontáneas y hasta en esos momentos torpes que terminan convirtiéndose en recuerdos. Si la vida funciona entre dos personas en tan poco espacio, es que hay magia de verdad.
Eso sí, una primera cita en furgocamper es sólo para valientes: para quienes no se asustan de verse despeinados, sin maquillaje y sin poses… ni de ver a la otra persona igual de sincera y al natural. Y qué te voy a decir: a mí ese tipo de gente, valiente y auténtica, me encanta. Muchísimo.
Lo mejor de todo es que yo ya tengo la furgocamper lista: con ruedas, cama, buena energía… y hasta papel higiénico de repuesto, por si acaso.
Ahora sólo falta lo más emocionante: esa persona valiente que quiera subirse conmigo a la aventura… ¡y que tenga ganas de vivir algo real!
Raül Córdoba

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