Huele a rancio

Huele a rancio. Mírate al espejo. Quizá es tu miedo. Estás aterrorizada. ¿Dónde se quedó tu grito? Vives como si ya estuvieras muerta. Pero a mí no me mates contigo, que a mí me queda mucha vida. Tú, que eras mi gran revolución. Tú, que eras mi vuelo y mis alas. Tú, que eras de otro mundo. Y ahora renuncias incluso a quererme y me apartas porque alguien te lo dice. El demonio viste con diferentes trajes y no solo viste de rojo. Y tú no solo lo escuchas, sino que lo obedeces sin cuestionarte nada. Ojalá tuvieras el coraje de no temer a la muerte para ver las cosas con claridad. Pero es tan grande tu obsesión que te has vuelto presa de tu propio miedo. Por no morir renuncias incluso a vivir. Qué decepción. Disimulo porque eres tú. Pero cuando paso por la puerta de tu casa ya paso de largo. Y si yo caigo, caeré luchando, pero sobretodo caeré pensando. Porque, al fin y al cabo, libres son quienes piensan y no quienes obedecen y repiten las palabras de sus verdugos para castigar a los que piensan. ¡Tu castigo es mi libertad!

Raül Córdoba

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