Otro día sin buenos días.
Caras tapadas, abrazos rotos.
Otra noche que se asoma por el horizonte sin buenas noches; encarcelados en nuestras casas. Tú en la tuya y yo en la mía, sin poder ser nosotros.
Otra semana más que se escapa sin poder tocarnos.
Prohibido estornudar.
Prohibido respirar.
Prohibido vivir.
Iros a tomar por culo.
Me levanto por la inercia de que hay que levantarse. Camino por la inercia de que hay que caminar… y miro lejos. Tan lejos como unos años atrás, cuando pensábamos que éramos libres. No lo éramos del todo, pero lo creíamos… y eso bastaba.
Corríamos. Viajábamos. Sentíamos los océanos y las montañas bajo los pies. Nos besábamos, incluso hacíamos el amor, sin que nadie nos dijera que aquello era una temeridad.
Éramos felices.
¿Te acuerdas?
Nos sentíamos locos en un mundo de cuerdos. Sin pasaportes de la vergüenza, sin apartheid disfrazado, sin dictaduras tan descaradas.
Ahora somos los cuerdos en un mundo que se ha vuelto completamente loco.
Y hoy, apartado de la humanidad, miro a mi perro. Lo veo correr de un lado a otro, saltar entre las rocas, oler la brisa del mar.
Lo veo libre. Muy lejos de este mundo deshumanizado.
Y me digo a mí mismo:
«Una vez me sentí libre como tú.
Una vez soñé que volaba…»
Que no sea yo ni nadie quien te corte las alas.
Raül Córdoba
–
► Entra en el enlace y conoce mis libros


Deja un comentario