Lo confieso. Soy responsable de todos mis pecados. No pido la absolución. Prefiero morir con ellos. Lo confieso. La esperanza es el peor de todos los males, y yo solo tengo la esperanza de no depender nunca de la esperanza. Lo confieso. A veces me gusta estar triste, y no pierdo una sola ocasión de estar triste. Ella, la tristeza, nunca me miente. Lo confieso. Deambulo por el mundo como un perro que no se deja domesticar, y yo misma decido quién sí, quién no y quién a veces. Lo confieso. Lo que hago casi nunca es comprendido. Soy capaz de vivir en un continuo estado de “estupidez» que solo los más despiertos le llaman lucidez. Lo confieso. Si quieres renunciar a mis defectos deberás renunciar a la vez a mis virtudes. Pero si decides entrar, no te olvides de pagar las facturas al contado. Aquí no se fía. Lo confieso. Nunca estoy a gusto con la gente que no está a gusto. Me hace convertirme en un ser odioso. Lo confieso. Si soy misteriosa es porque todo me parece inexplicable. Las grandes verdades están dentro de ti y en tu imaginación. Lo confieso. Si vas a salir, no te olvides de cerrar la puerta.
(Raül Córdoba)
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