Malditas apariencias

Todos tenemos nuestra cruz. Que no te vendan solo la cara de la moneda. Si miento es porque tú me lo pides, no porque yo lo necesite. Malditas apariencias, maldita necesidad de aprobación, maldita obsesión de querer ser más y mejor que los demás. Hay días que me levanto con ganas de mandar este mundo a la mierda. Saturno no queda tan lejos. Me agotan los manuales de supervivencia. Me agota la gente que solamente llora y se queja por todo. Me agotan quienes tienen más miedo de morir que de vivir. ¿Acaso esperas que cargue alguien tu cruz por ti? Si me preguntas te diré lo que pienso. Sin taparme la boca. Si quieres «guerra» conmigo yo siempre disparo al corazón. El mundo está tan enfermo que hasta para abrazar hay que esconderse. Pero mi sonrisa, en este mundo podrido, es auténtica y no la pierdo. Y ahora, pregúntate: ¿Hasta cuándo necesitas la adulación y las mentiras? Porque cuando vives en una mentira hasta la felicidad que crees sentir es la peor de las mentiras. Por eso, si algún día decides salir de esta función, yo estaré detrás del escenario. Allí, en el mundo real, en el mundo donde la sinceridad está por encima de las falsas apariencias. Allí donde las personas no son juzgadas y no necesitan la aprobación de los demás. Allí donde no hace falta esconderse para decir en voz alta «Te quiero».

(Raül Córdoba)

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