Si ves al susto

Si ves al susto, tráemelo, que le susurraré una cosita al oído. Que no digan que no te lo dije. El susto tiene su corazoncito y, como tú y yo, también se asusta. Tráemelo sigilosamente, que yo le haré cosquillas mientras tú preparas una taza de café. Si ves al susto, dile que lo estoy buscando. No me importa si es hombre o mujer. Tampoco si es de este planeta o bien de otra galaxia. No hay nada que pueda saber de él que no conozca ya. Dile que no soy muy bueno con los acertijos, ni aquí ni allí, ni contigo ni sin ti, ni con él ni con los demás. También dile que no soy muy romántico ni muy hábil con las palabras. Soy muy sencillo. Pero no necesito dibujar una flor para decirte que «Te quiero». Por último, no olvides decirle que en mi vida mis mejores amigos eres tú, el perro, el gato y el susto. Lo sé. Es raro no ser raro. Pero tampoco necesito a nadie que me diga quién soy o qué soy. Y al susto no se le puede engañar: ¡Sabe que soy lo que soy!

(Raül Córdoba)

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