Lo que no se negocia

Otra flecha que quiere darme de lleno en el pecho.
Otra mano que dice ser mi amiga mientras con el dedo me señala.
Otro beso de Judas.

Te pierde la boca.
Siempre hablas, hablas y hablas.
Pero esto no es una serie de Netflix…
esto se parece más a la saga de El Padrino.

«¿Dónde dice que no se puede matar a un policía?»

Yo disparo, sin discreción, a todos los policías que me apuntan.

Está a punto de estallarme la cabeza
de tanta idiotez y de tantos idiotas.
Tú no vas a ser menos.

Así que no intentes sobornarme.
Tu dinero me importa una mierda.
No me vendo por trabajo.
Y menos por afecto.
Tu miedo es tuyo, no mío.

Me importa mi salud.
Mi tiempo.
Mi familia, mi perro y mis amistades.
En ese orden.
Me importa mi libertad.

¿Tu «comida basura»?
No quiero saber la mierda que comes.
Me basta con que no me la ofrezcas
ni me la vendan en cada estantería del supermercado.Apaga la televisión.
Apaga el «reality show».

Deja de repetir una y otra vez lo que escuchas
si quieres que te escuche.
Dime mejor lo que piensas.

Ni antes fui un coloso,
ni ahora soy un bandido.

Yo no juego los partidos para gustar a nadie.
Juego para gustarme a mí.

No me muerdo el labio para besarte.
Y menos aún para decirte las cosas como son a la cara.

Si no te gusta, seguro que hay lugares más cómodos…

yo soy de los que muerde la manzana

antes que vivir en falsos paraísos.

(Raül Córdoba)

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