Dime qué te voy a decir. Si antes que tú vinieron otros inviernos y otras primaveras. Pero contigo la sopa dejó de ser boba. Mucho menos boba. Contigo me quemo y soplo para seguir tomando de ti. Sorbo a sorbo. Te recorro de arriba a abajo y de abajo a arriba para luego comerte de dentro para afuera y de fuera para adentro. Eso sí. Escúchame bien. Si quieres gazpacho no le quites la pimienta, porque yo le pongo extra de pimienta a los besos y doble de cafeína a los polvos. Por eso, si quieres acompañarme, no me leas el manual de conducción. Soy del club de los conductores suicidas, de aquellos que se dejan la vida en cada curva. Si me regalas una sonrisa te devuelvo una de vuelta. Si no pues tajada de melón y puerta. Pero si te quedas te prometo algo muy diferente. Un puchero. Un revuelto. Un helado de turrón con limón. Una vida nueva… Ahora bien, si no me entiendes déjalo pasar. O mejor déjame pasar. Porque nunca conseguirás entenderme. Ni en el mejor de los casos. Solo espero que al despertarte te veas desnuda en el espejo y tu duda sea resuelta.
(Raül Córdoba)
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